Vida y obra de Marcelino Champagnat
 
CHAMPAGNAT
Vida y obra de Marcelino Champagnat
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Espiritualidad Marista

Vida y obra de Marcelino Champagnat
 
MARCELINO CHAMPAGNAT
Marcelino nació en Le Rosey, en Marlhes, una aldea medio perdida en los montes de Pilat, al suroeste de Francia.
Sus padres fueron Juan Bautista Champagnat y María Teresa Chirat, que tuvieron 10 hijos. Marcelino fue el noveno.
Lo bautizaron al día siguiente, día de la Ascensión del Señor, en la parroquia de Marlhes, y le pusieron los nombres de Marcelino José Benito.


Los Champagnat tenían una casa en Le Rosey, un molino, un poco de tierra y algo de ganado. La casa todavía se conserva en buen estado.

Marcelino fue creciendo, educado por sus padres y por una tía suya, Luisa Champagnat, que había sido religiosa y ahora estaba refugiada en casa, porque la Revolución había cerrado o incendiado los conventos.

Juan Bta. Champagnat, padre de Marcelino, era un hombre íntegro, abierto a los cambios y al progreso social. Tal vez por eso lo nombraron juez de paz y jefe de la guardia nacional en su pueblo. Y cumplió.
Mantuvo el orden en el pueblo, y se las arregló para no perjudicar a sacerdotes y religiosos, a pesar de las leyes revolucionarias.

En casa de los Champagnat todo el mundo trabajaba. Marcelino se dedicó, desde los 6 años, a cuidar las ovejas del rebaño familiar.
Trabajó muy duro; todo el día en el campo ... y así comenzó a ganar su primer dinerillo con la venta de ovejas y corderos.

Sólo descansaba los domingos y días de fiesta.
En estos días, toda la familia Champagnat recorría los dos kilómetros que les separaba de Marlhes, para la misa dominical.

Y después de la misa, ¡a jugar con los chavales del pueblo!
Pero Marcelino tiene ya 10 años, y en su casa piensan que debe comenzar a ir a la escuela para aprender a leer y escribir . . . . . .

... ... y lo mandan a la escuela de Marlhes.
Pero el primer día vive una experiencia desagradable: la falta de disciplina de uno de sus compañeros provoca que el maestro le responda con una bofetada. Al contemplar la escena, Marcelino toma una seria decisión: no irá más a la escuela.
Al año siguiente, hace la Primera Comunión, con 11 años. ¡Qué tiempos!


Adolescente ya, Marcelino sigue trabajando en el molino de casa y sobre todo en el campo con sus corderos ... y, en la paz de los campos, sueña, hace sus planes de futuro.
El negocio le atrae, la libertad le agrada, pero ... ¿qué hará con su vida?
Un buen día, un sacerdote de la región visita la casa de los Champagnat, se fija en Marcelino y le pregunta espontáneamente: "Y a ti ¿no te gustaría ser sacerdote?"
Marcelino se queda pensando. Y el sacerdote le dice: "Tienes que estudiar para ser sacerdote. Dios lo quiere."
Sin duda, fue uno de esos momentos de la vida en los que Dios entra en contacto con el hombre y toca su corazón.
Y Marcelino se decide a seguir la llamada de Dios.
Tras una escasa preparación, parte hacia el Seminario menor de Verrières.
Despedida de sus padres, de la aldea, de los suyos ...
Tiene 15 años, apenas sabe leer y escribir, casi no sabe hablar francés (sólo habla el dialecto de la región) ... pero ha visto el camino nuevo que se abre ante él, y sale de su tierra –como Abraham– hacia lo desconocido.
¿Qué pasará en el Seminario? . . .
La verdad es que en el Seminario menor de Verrières comienza bastante mal. Es el mayor de la clase (sus compañeros tienen 2 o 3 años menos que él) y es el último ... Al final del curso suspende casi todo.
Por eso, el rector del Seminario le "invita" a quedarse en su casa; es decir, que lo echa del Seminario.
Pero, durante el verano, su madre habla seriamente con él. Ambos van a rezar a la tumba de S. Francisco Regis, un santo de aquellas tierras.
Marcelino se compromete a cambiar y, después de muchos esfuerzos, su madre consigue que el rector del seminario lo admita otro curso.
Marcelino parece distinto, ahora es un muchacho más formal.
Como es el mayor, lo nombran vigilante del dormitorio, esto le da derecho a tener un pequeño cuarto aparte. Aprovecha para estudiar incluso por las noches ... y, al final, aprueba el curso.
Durante los tres cursos que le quedan para terminar el Seminario menor va madurando y aprobando, muchas veces por los pelos, pero puede pasar al Seminario mayor para completar su carrera sacerdotal.

Ya tenemos a Marcelino en el Seminario mayor de Lyon. Aquí estudiará filosofía y teología, que son las asignaturas fundamentales para un sacerdote.
Ha mejorado su carácter, pero las notas siguen siendo flojas.
Está muy unido a sus compañeros y, entre unos cuantos, comienzan a pensar en la fundación de una congregación religiosa de sacerdotes: la «Sociedad de María». Marcelino aporta una idea nueva: "Necesitamos Hermanos para educar a los niños y jóvenes".

Por fin, Marcelino termina sus estudios en el Seminario y recibe la Ordenación Sacerdotal, tiene 27 años.
Dos días después, junto con otros compañeros, ya sacerdotes, va al santuario de la Virgen de Fourvière. Todos se consagran a María y prometen trabajar con todas sus fuerzas para fundar la «Sociedad de María».
Celebra primera misa en Marlhes, la parroquia en donde lo bautizaron. Pocos días después recibe su primer destino: lo nombran ayudante del párroco de La Valla (se pronuncia " Lavalá " ) , una pequeña aldea perdida en los montes de Pilat, y allí se dirige enseguida.
Cuando Marcelino llega a La Valla, encuentra un panorama poco alentador:
El pueblo es pequeño y pobre, el párroco es muy mayor y está cansado. No hay escuela ni maestro, los niños están sin enseñanza, y los adultos no van casi nunca a la iglesia. Es frecuente el alcoholismo y otros vicios.
Marcelino comienza a visitar a las familias para conocer a la gente. Lo malo es que la mitad de la población vive en casitas esparcidas por los montes, y tiene que darse largas caminatas para llegar a ellas.
Poco a poco, con tesón y no pocos sudores, va organizando la parroquia, hasta que . . .
. . . un día lo llaman porque hay un chico que se está muriendo. Se llama Juan Bautista Montagne, tiene 17 años y vive en un caserío de los montes.
Marcelino va a atenderlo, le habla de cosas religiosas y se da cuenta de que nunca ha ido a la iglesia, apenas ha oído hablar de Dios.
Le da una breve catequesis , lo confiesa y, al poco rato, el muchacho muere.
Esta experiencia impresiona fuertemente al P. Champagnat y le decide a fundar una congregación de Hermanos que se dediquen a la enseñanza y a la catequesis de los niños y jóvenes, especialmente los más necesitados.
En seguida se pone a trabajar en su proyecto, habla con algunos jóvenes de la parroquia y ...
El 2 de Enero de 1817 reúne, en una casita que ha alquilado al lado de la parroquia, a dos jóvenes: Juan Mª Granjon y Juan Bautista Audras.
Les da un pequeño reglamento de vida que se basa en el estudio, la oración y el trabajo en común.

– Así nació la congregación de los Hermanos Maristas. –

Pronto se les unen otros compañeros: Juan Claudio Audras, Antonio Couturier, Bartolomé Badard, Gabriel Rivat, etc. etc.

Al principio dedican el tiempo a su formación espiritual: estudio y oración.

Pero también hay que trabajar. Se dedican a hacer clavos, luego los venden, y así se gana la vida aquella primera comunidad.

El P. Champagnat les ayuda en todo y, al final de la etapa de formación, les impone el hábito de los Hermanos Maristas.

Al año siguiente, Marcelino abre una escuela en La Valla. Pone al frente de la escuela a un viejo y sabio maestro contratado. Algunos Hermanos le ayudan y al mismo tiempo van aprendiendo a dar clase.

Poco a poco, los Hermanos se hacen cargo de la escuela de La Valla. Pronto se abren nuevas escuelas en Marlhes, y otros pueblos de los alrededores.

Las familias están muy contentas y cada vez hay más niños en las escuelas.

La congregación de los HH. Maristas ha comenzado su misión, pero también comienzan las dificultades: el obispo, algunos sacerdotes de la diócesis y otras personas importantes le ponen muchas pegas al P. Champagnat: Dicen que es un orgulloso, que se ha metido en una obra muy grande y sin dinero, que aquello va a durar muy poco ...
Además, todos los Hermanos disponibles estan ya dando clase en las escuelas y no hay aspirantes para continuar la obra.

Pero Marcelino no se desanima: continúa formando a sus Hermanos, y eleva su oración a María con toda confianza ... La respuesta de la Madre no se hizo esperar mucho tiempo.

Pocos días después, se presentan en La Valla ocho jóvenes de las montañas de Velay. Dicen que quieren ser religiosos y dedicarse a la enseñanza.

Marcelino se queda asombrado. Los acepta como un regalo de María. Entre ellos estaba el que luego sería el Hno. Juan Bautista, que escribió la primera biografía del P. Champagnat.

Al año siguiente, el Hno. Juan Bautista cae muy enfermo en la comunidad de Bour-Argental. Marcelino va a visitarlo, atravesando los montes, acompañado por el H. Estanislao.
Pero a la vuelta les sorprende una furiosa tormenta de nieve y se pierden en las montañas. Después de mucho caminar, el Hno. Estanislao se desmaya agotado por el frío.

Marcelino eleva su corazón a María y le reza el «Souvenez-vous» lleno de confianza. Pocos minutos después ve a lo lejos una luz: era un campesino que, en mitad de la nieve, había salido a ver el ganado. Haciendo un último esfuerzo, pueden llegar a la casa y se salvan de una muerte segura.

Durante los primeros años, el P. Champagnat tuvo que sufrir muchas críticas y dificultades por parte del obispo y de otras personas. Pero cuando nombran un nuevo obispo de Lyon, las cosas empiezan a cambiar. El nuevo obispo, Mons. Gaston de Pins, aprueba la obra de Marcelino. Incluso le anima a construir una casa más grande para que crezca la congregación.
Marcelino ya se había fijado en un terreno, en el valle del Gier, cerca de La Valla. Lo compra, con la ayuda del obispo, y empieza a construir.

Al principio fue sólo una capillita en medio del bosque, en donde se juntaban todos para hacer sus oraciones y el P. Champagnat celebraba la Eucaristía.

Poco a poco se va construyendo la nueva casa.

La construye Marcelino con sus propias manos. Naturalmente, también hay albañiles, y todos los Hermanos trabajan en la obra.

Hubo que cortar parte la roca del monte para ganar terreno. La piedra que cortaron sirvió para construir la casa. Al lado hay tierra buena que servirá de huerta, regada por el Gier, un riachuelo que pasa a pocos metros.

Es un paraje maravilloso; hoy está declarado parque natural.

Pero los trabajos de la construcción no impiden que el P. Champagnat y los Hermanos sigan atendiendo la enseñanza y la catequesis de los niños.

Incluso se abren algunas escuelas más.

Por entonces, los Hermanos vestían un hábito muy sencillo: una levita con una capa azul. Por eso la gente les daba el nombre de «Les Frères Bleus» (los hermanos azules).

Se termina de construir la nueva casa en el valle del Gier: tiene tres pisos, es una obra impresionante.

Marcelino invita a las autoridades eclesiásticas, se bendice la capilla y se inaugura oficialmente la casa. Es un día importante para la congregación.

Se le dio el nombre de «Nuestra Señora del Hermitage» y fue, durante mucho tiempo, la casa central de la congregación marista.





La congregación sigue creciendo.

Ahora, al hacer los votos, los Hermanos visten sotana negra con un cordón en la cintura; en el cuello llevan el «rabat», una especie de babero blanco parecido al que llevaban los sacerdotes de aquella época.

El P. Champagnat atiende a los Hermanos, los ayuda en su formación, visita las escuelas, comienza a escribir la primera «Regla» de los HH. Maristas, intenta conseguir de las autoridades francesas el reconocimiento oficial de la congregación ... y su salud comienza a debilitarse.

Estamos en 1830 y en Francia ha estallado una revolución: las congregaciones religiosas están en peligro: no pocos religiosos dejan el hábito y se refugian donde pueden.
Marcelino reúne a los Hermanos, habla con ellos, les anima a confiar en Dios y en la Virgen: "No os preocupéis, María nos defenderá". E introduce la costumbre de empezar el día cantándole la Salve a la Virgen.

Incluso, pocos días después, celebra la toma de hábito de un grupo de aspirantes. Durante toda la revolución, nadie molestó a los Hermanos.

Desde entonces, los Hermanos Maristas comienzan y terminan el día con el canto de la Salve.

Al mismo tiempo que ha ido creciendo la congregación de los Hermanos Maristas, se ha desarrollado –de forma paralela– la «Sociedad de María», la congregación de sacerdotes que habían pensado fundar los compañeros del P. Champagnat cuando todavía estaban en el Seminario.
Marcelino se siente muy unido a ellos, y ahora se alegra porque la «Sociedad de María» ha conseguido de Roma la aprobación pontificia.

Fue una verdadera hermandad: los Padres ayudaron a los Hermanos y éstos también ayudaron a los Padres Maristas.

La Santa Sede ha confiado a la «Sociedad de María» la evangelización de las tierras del Pacífico Sur.

En Navidad de 1836 se embarca el primer equipo misionero marista: cinco Padres y tres Hermanos.

En Nueva Zelanda morirá el primer mártir: el P. Pedro Mª Chanel.

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Toda familia religiosa necesita una «Regla».

Marcelino Champagnat ya había escrito el primer borrador, ahora reúne a los principales Hermanos y, con su ayuda, la primera «Regla» de los Hermanos Maristas queda redactada en 1837.

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La congregación todavía no posee la autorización legal del gobierno francés, y esto supone un grave problema.

El P. Champagnat trabaja de manera incansable, incluso viaja a París para entrevistarse con varias autoridades y conseguir la autorización ... pero el gobierno se la niega descaradamente, por razones políticas.

( La autorización se consiguió en 1850, 10 años después de la muerte del P. Champagnat ).

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La salud de Marcelino se debilita cada vez más: tiene un cáncer de estómago y apenas tolera los alimentos. Es hora de pensar en el relevo.

Los Hermanos se reúnen en Capítulo y eligen democráticamente al nuevo Superior. Sale elegido el Hno. Francisco. Sus ayudantes serán los Hnos. Luis María y Juan Bautista.

Ellos tomaron el mando de la congregación y continuarán la obra de Marcelino Champagnat.

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Se acerca llega la hora del adiós. El 18 de mayo, reunida toda la Comunidad, el Padre hace leer su Testamento Espiritual, que es precioso.

En la madrugada del sábado 6 de junio de 1940, mientras la Comunidad de «Nuestra Señora del Hermitage» canta la Salve y reza las Letanías a la Virgen, Marcelino murió rodeado de sus Hermanos.